Lego presenta Smart Brick, un ladrillo con sensores, luz y sonido que hace que los sets reaccionen al juego físico. Ideas prácticas para casa y aula.
En la mesa del salón, un niño de Sevilla acaba una nave improvisada. La alza dos centímetros, hace “brrr” con la boca… y la nave responde: vibra, enciende luces azules y suelta un pitido de despegue. No es magia; es el nuevo Smart Brick de Lego, un ladrillo que detecta el juego y reacciona con luz, sonido y movimiento.
Según la presentación, Smart Brick integra sensores para captar inclinación, sacudidas y colocación, además de un pequeño altavoz y LEDs. Se conecta por Bluetooth para comunicarse con otros elementos del set y, cuando hace falta, con una app. La promesa es simple: que los modelos cobren vida sin dejar de ser bloques.
Esto abre escenas muy concretas: una puerta medieval que “cruje” al abrirse; una grúa que avisa si levantas demasiado peso; un coche que cambia el patrón de luces si derrapas en la alfombra. En Ciudad de México, una abuela podría preguntar qué construyó su nieta y el puente “responde” con un destello cuando lo pisan. Pequeños gestos, grandes efectos.
La clave está en que la reacción sucede en el ladrillo, en la mesa, no en el móvil. La app sirve como apoyo – retos, actualizaciones, misiones – pero la interacción central ocurre con las manos. Para familias y educadores, eso importa: estimula causa-efecto, secuencias y narrativa sin convertir el juego en otra sesión de pantalla.
Algunas ideas prácticas: Reserva “zonas Smart”: una base donde el ladrillo detecte bien el movimiento y no se caiga. Una bandeja de horno vieja forrada con cartón funciona. Activa modos sin app cuando haya amigos: las reacciones básicas suelen estar en el propio ladrillo. Si usas app, fija ventanas cortas: construís 20 minutos, conectáis 5 para una misión, volvéis a la mesa. Pilas recargables y un estuche pequeño evitan la caza del cable a la hora de cenar. En aula, plantea retos con reglas sencillas: “si la viga vibra, rediseñad los apoyos”; convierte el sonido o la luz en feedback de evaluación.
Lego prepara packs donde Smart Brick encaja en vehículos, edificios o criaturas, y módulos que reaccionan entre sí. No hace falta montar un robot para sentir algo vivo: basta con construir como siempre y dejar que el ladrillo añada una capa sensorial. La compatibilidad y los detalles de cada línea se irán aclarando, pero la dirección es clara: menos cables, más juego físico con respuesta inmediata.
Queda una pregunta bonita: si los bloques ahora escuchan, ¿qué historias les contaremos? Tal vez la misma de siempre – la del castillo, la nave, la ciudad – solo que con un latido discreto, como el de una maqueta que, por fin, nos mira volver a ser niños.
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