La fabada asturiana es uno de los platos más emblemáticos del norte de España, especialmente de la región de Asturias.
Se trata de un guiso contundente y sabroso que combina legumbres con embutidos típicos, reflejando la esencia de la cocina casera y tradicional española. Su ingrediente principal son las fabes, unas alubias blancas grandes y mantecosas que, junto con el compango (chorizo, morcilla y panceta curada), crean un plato lleno de sabor e historia.
El origen de la fabada se remonta al siglo XIX, cuando las familias campesinas necesitaban comidas energéticas para resistir el clima frío del norte. Con el tiempo, la receta se consolidó como símbolo de identidad asturiana y hoy es uno de los platos más reconocidos de la gastronomía española. Su fama ha traspasado fronteras, y actualmente se prepara en restaurantes de todo el mundo, manteniendo su esencia tradicional.
Para elaborar una fabada auténtica, el secreto está en la calidad de los ingredientes. Las fabes de la Granja, con Denominación de Origen Protegida (DOP), son las más valoradas. Deben ponerse a remojo durante al menos 12 horas antes de cocinarse. El compango asturiano, compuesto de chorizo, morcilla y panceta, aporta el característico sabor ahumado y ligeramente picante.
El proceso de cocción es lento, tal como manda la tradición. En una cazuela grande se colocan las fabes escurridas, el compango, un poco de azafrán y agua fría hasta cubrirlo todo. Se cuece a fuego suave durante unas dos horas, retirando la espuma y añadiendo agua fría cuando sea necesario. Este paso, conocido como “asustar las fabes”, ayuda a que queden tiernas sin romperse.
Durante la cocción, es importante no remover con cuchara para evitar que las fabes se deshagan; basta con mover la cazuela suavemente. Al final, el guiso debe tener una textura cremosa y un color dorado intenso, producto del pimentón y las grasas naturales de los embutidos.
La fabada se sirve caliente, generalmente en cazuelas de barro, acompañada de un buen pan y un vino tinto asturiano o una sidra natural. Es un plato ideal para los meses fríos, aunque muchos lo disfrutan todo el año. Si se deja reposar, su sabor mejora al día siguiente, lo que la convierte en una receta perfecta para preparar con antelación.
Algunas variantes incluyen añadir berzas o sustituir el compango por carne de cerdo fresca, pero los puristas aseguran que la receta tradicional no necesita modificaciones. Lo más importante es respetar el tiempo de cocción y usar ingredientes de calidad.
La fabada asturiana no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma. Cada cucharada evoca el calor de un hogar y la riqueza de la cocina del norte de España. Es un plato que invita a compartir, disfrutar y recordar la importancia de la buena mesa.
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