El “trabajo fantasma” o “ghostworking” describe el creciente fenómeno en el que los empleados fingen estar ocupados, a menudo recurriendo a llamadas falsas o manteniendo archivos de Excel abiertos, sin realmente dedicarse a sus tareas.
Esta tendencia, aunque consolidada en Estados Unidos, también resuena en otros paises y plantea interrogantes sobre la productividad y el bienestar laboral. Como explican los expertos, se manifiesta como una respuesta al estrés, la incertidumbre sobre el futuro y la percepción de ritmos de trabajo desequilibrados, donde la calidad del rendimiento se ve comprometida.
Un estudio de Resume Now revela que casi seis de cada diez empleados admiten adoptar regularmente técnicas de trabajo fantasma. Estas incluyen caminar por la oficina con un cuaderno (23%), escribir sin sentido en el teclado (22%), realizar llamadas falsas (15%) o mantener archivos abiertos mientras navegan por internet (15%). Un 12% simula participar en reuniones inexistentes para eludir tareas. Este comportamiento es más común en el trabajo remoto, donde algunos incluso utilizan software para simular el movimiento del ratón o programan mensajes automáticos.
El ghostworking puede ser también una estrategia para buscar otro empleo: el estudio indica que un 24% de los participantes modifican su CV en la oficina, y un 23% envía solicitudes desde el ordenador de la empresa. Además, uno de cada cinco responde a llamadas de reclutadores desde su escritorio, y un 19% se escabulle para ir a entrevistas. La popularidad de guías en TikTok sobre cómo fingir trabajar subraya la creatividad detrás de este fenómeno.
Las causas psicológicas de este comportamiento radican en un entorno laboral que prioriza la percepción del rendimiento sobre el rendimiento real: en oficinas donde la visibilidad digital (estado en línea, respuesta rápida a correos) es clave, el trabajo fantasma emerge como un mecanismo de defensa. Esta presión constante puede llevar a los trabajadores a buscar respiros mentales sin afectar su imagen.
Detectar y sancionar el trabajo fantasma puede ser una solución a corto plazo, pero la investigación sugiere que la solución a largo plazo es fomentar una cultura empresarial basada en la confianza, la autonomía y la meritocracia, creando un entorno donde los empleados deseen contribuir, en lugar de solo sobrevivir.
Para combatir el ghostworking, las empresas pueden recurrir a software de monitoreo que rastrea la actividad informática, analizan la frecuencia y duración de las reuniones, e investigan los flujos de comunicación interna en busca de anomalías. En trabajos presenciales, los controles de acceso y la videovigilancia (respetando la privacidad) pueden ayudar a identificar ausencias injustificadas.
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